Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

domingo, 22 de enero de 2012

"Al vuelo de su aire". Por Efrén Fenoll


Artículo escrito por Efrén Fenoll, hermano de Carlos en el 50 aniversario de la muerte de Miguel Hernández. Donde podemos observar una sinceridad evidente y manifiesta. 1)

Desde mi rincón y mis años, observo la parafernalia y el ruido que se están produciendo en el 50 aniversario de la muerte de Miguel Hernández. Ahora viene a mí el recuerdo de una frase, que él un día dijo: “Lo peor de la memoria son los muertos”. Yo sé bien por qué lo dijo… Por Ramón Sijé y por otros amigos muertos, de entrañable memoria.
Si ser bueno, humanísmo y tener un exaltado ideal de la justicia y un sentido honrado de la libertad, es ser un hombre de izquierdas o ser comunista, no cabe duda que Miguel «lo sería»; pero, dicho es o debo aclarar que, cuando sentía así, él no tenía un conocimiento exacto de lo que era el comunismo, como tampoco tenía preocupación ideológica alguna por la filosofía marxista. No eran esas sus lecturas, ni, por supuesto, las nuestras: Ni las de Carlos [hermano], ni las de Josefina [hermana] ni las mías, que era, como me llamaba Miguel: «El chico negro que rima con tren: Efrén”.
A nosotros nos faltaba tiempo para leer la «Antología poética de Juan Ramón Jiménez, ei teatro de Ramón María de Valle-lnclán y las novelas de Gabriel Miró o de Pió Baroja, y más tarde las obras de Luís de Góngora y de Lope de Vega, Tanto que convertimos 'a tahona en un particular «Ateneo» De nuestra flaca cultura, por lo que Miguel decía: «En este horno se hacen versos como panes y panes como lunas».
Luego nos llegaría la asistencia de Pepito Marín -o sea Ramón Síjé-, que se hizo novio de mi hermana Josefina y quien nos trajo un montón de nuevas lecturas- Tanto se incrementó gracias a él nuestro entusiasmo por la literatura, que osamos publicar una hojita poética lodos los meses, con versos de Miguel, de Carlos y de algún poeta importante de la época por ejemplo Vicente Aleixandre, a quien le escribimos y le pedimos que perdo¬nara nuestro atrevimiento por la ilusión puesta en ello. El nos contesto con un poema inédito [El Árbol], que encabezó con una glosa que decía «¿Y no es nadie la ilusión?” ¡Qué alegría nos trajo aquel poema que publicamos en nuestra modesta revista “Silbo”… Yo era el encargado de su reparto y la llevaba a las barberías y a algún que otro café, donde la regalábamos. Se editaba en papel de colorines, del más barato, de aquél con el que los chicos hacían sus cometas para volar.
Sin embargo, situar a Miguel en cualquier cuadro político, antes o después de sus viajes a Madrid, como escudero emblemático, yo bien sé que, a pesar de sus actividades, no es posible. No ignoro sus actividades durante la guerra, sus poemas en las cárceles y su libro “Viento del pueblo”, pero sé que Miguel y que allí donde veía una injusticia él se enrolaba como el más encendido combatiente ¿Quién podría considerarse como un militante fanático, como un dirigente o como un funcioanrio comunistas?
Nunca mejor momento que este para recordar lo que dijo Ortega y Gasset acerca del hombre y de su circunstancia. Y. no obstante las circunstancias trágicas de la guerra y de su significación ideológica o sociopolítica, Miguel nunca fue hombre de partido, solo fue lo que siempre había sido, un poeta que con sus versos quiso dejar entre los hombres un aire de libertad y de amor. Por favor, no lo zarandeéis más. Quienes tuvimos la for¬tuna de conocer y de convivir con él, nos conformamos con recordarlo como poeta y no como bandera de una ideología, como un hombre tan modesto que, cuando escribió de si mismo, solo dijo: «Barro soy aunque Miguel me llamen». Que los creadores de «capillitas» no contaminen ése barro que era barro enamorado hecho de desventuras.

Efrén FENOLL, ABC 1992

1).- "Cincuenta años sin Miguel", ABC, sábado, 28 de marzo de 1992

(Archivo de Gaspar Peral Baeza)

EFRÉN FENOLL: Por este artículo de Efrén fue calificado injustamente de "seminalfabeto" por Ramón Pérez Álvarez en un artículo publicado en La Lucerna (nº 33 de 1955). Dice que en aquellos años de la tertulia Efrén estaban haciendo el servicio militar en Barcelona ¿ésto no lo sabemos documenralmente?.
Con 12 años, subiendolle la edad, le hicieron el carnet de socialistas para demostrar que eran de izqueirdad. Un tal Francisquillo empezó a hostigar a la familia de los Fenoll, porqu eran "propietarios" de una panadería. Llegó a repicar el bombo de música de su novia Teresa, con la que se casó después. Cuando eran novios y Efrén quería que saliera el daba un silbido, de todo concreto. Silbido que Miguel imitaba perfectamente y confundía a Teresa.
Finalizada la guerra fue detenido y trasladado a Valencia a un hospital transformado en cárcel, logró huir. Luego fue "reeducado" con los Nacionales en la quinta del 38 en un cuartel de Códoba. A la muerte de su madre no le dejaron venir a verla, desde entonces siempre llevaba una corbata negra en señal de luto y su dolor.
No terminó su libro sobre Miguel Hernández. Su mujer Teresa, podría aproximarnos a él y a la realidad hernandiana. Falleció en Valladolid en 2004, donde marchó después de la guerra civil, fue bibliotecario del Colegio San José. Se reafirmó en lo de la tertulia donde dice que se leía a Góngora y a Garcilaso en la tahona donde hacían «versos como panes y panes como lunas».

Los recuerdos de Efrén Fenoll fueron recogidos por Luis Miravalles Rodríguez, bajo el titulo "La faceta más noble y humana de Miguel Hernández"

En 1948 Efrén estaba todavía en Oriuela, cuenta Josefina:

Cuando mi hijo contaba nueve años se presentó en mi casa [en Cox] Efrén Fenoll, comunicándome que Don Jolsé Martínez Arenas y el director de la Caja de Ahorros de I^uestra Señora dfe Monserrat de OrihUela, señor García Rogef, habían acordado internar ál niño en el colegio de Santo Domingo de Orihuela, donde estudió también Miguel, costeando los gastos dicha Caja de Ahorros. A mí me interesó la idea, porque yo deseaba que mi hijo estudiara, recordando además, que Miguel quería para su hijo una carrera y yo no tenía medio para ello. Las carreras que Miguel me decía desde la cárcel que le gustaban para su hijo eran las de diplomático, arquitecto e ingeniero.

Me presenté con el niño, en compañía de Efrén, en el despacho de Don José Martínez Arenas y nos acompañaron al colegio de los jesuítas, que ya estaban avisados. Estos examinaron al niño, encontrándolo algo retrasado, pero observándolo muy inteligente, según me dijeron los jesuítas. Al regreso del colegio, Don José me propuso que firmara un documento que impidiera la publicación de Viento del Pueblo aquí y en América, diciéndome que con mi firma formarían un control en América y no permitirían publicar dicho libro. Yo les contesté que no iba en contra de lo que mi marido había escrito, y ya no volví por allí. En otra ocasión vi a Efrén Fenoll y me dijo que estas personas le habían dicho que no querían hacer nada en beneficio del hijo de un rojo.

(Su libro 1980,p.151)